Desafían al estereotipo: mujeres brigadistas encaran el fuego para proteger la Sierra Tarahumara
Hace apenas cinco años, Irene González podía contar con los dedos de una mano a las mujeres que combatían incendios forestalesen Chihuahua; hoy, junto a otras 39 brigadistas, enfrenta las llamas en la Sierra Tarahumara y forma parte de una generación que ha abierto paso en una labor históricamente dominada por hombres. Su historia se desarrolla en medio de una de las temporadas más complicadas para el estado, que acumula 265 incendios forestales en lo que va del año y se ubica entre las cinco entidades con mayor incidencia del país, mientras que la Conafor estima que alrededor del 20% de estos siniestros fueron intencionales.
El viento cambió de dirección de forma repentina. El incendio avanzaba por el fondo de un barranco cuando una ráfaga alteró su comportamiento y comenzó a empujar las llamas hacia donde trabajaba la brigada. Durante unos segundos, Irene González Americano y sus compañeros tuvieron que abandonar cualquier intento por contener el fuego y concentrarse en algo más urgente: salvar sus propias vidas.
La escena ocurrió hace apenas unas semanas en un incendio forestal cercano a Guachochi. El fuego ascendía desde el fondo de un cañón, mientras la brigada realizaba labores de combate sobre una topografía accidentada, típica de la Sierra Tarahumara de Chihuahua.
El cambio de viento convirtió una operación rutinaria en una situación de alto riesgo. “Sí se siente miedo, claro que sí. Es algo natural, pero confiando en la capacitación y apoyándonos como equipo pudimos mantener la calma y salir bien”, recuerda la combatiente durante el testimonio que ofreció en exclusiva para El Sol de Parral.
“Si cuidas el bosque, el bosque te cuida a ti”
Para Irene, el combate de incendios forestales no es únicamente un trabajo. Es una responsabilidad que nació mucho antes de portar un casco amarillo o cargar herramientas especializadas. Originaria de Ciénaga Prieta, ubicada a 40 minutos de Guachochi e integrante del pueblo rarámuri, creció rodeada de bosques y escuchando las enseñanzas de sus padres y abuelos sobre el valor de la naturaleza.
“Si tú cuidas el bosque, el bosque te cuida a ti. Si cuidas el agua, el agua no se aleja de ti”, explica al recordar una filosofía transmitida de generación en generación dentro de muchas comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara. Para ella, la protección de los recursos naturales no responde únicamente a criterios ambientales, sino también culturales y espirituales.
Aunque actualmente se desempeña como brigadista forestal, su historia refleja un fenómeno más amplio que comienza a transformar el combate de incendios en Chihuahua. Hace apenas algunos años, la presencia femenina en estas labores era excepcional.
Abrirse paso entre las llamas y los prejuicios
El director de Desarrollo Forestal y Recursos Naturales de la SDR, Humberto Molinar Hernández, explica que durante décadas el combate de incendios fue considerado un trabajo exclusivamente masculino.
Para Molinar Hernández la incorporación femenina no ha sido sencilla. Además de enfrentar las exigencias propias del combate de incendios, muchas mujeres han tenido que romper barreras culturales profundamente arraigadas en comunidades rurales e indígenas. Para varias de ellas, la dificultad no se encuentra únicamente en la línea de fuego, sino en demostrar que tienen la capacidad para realizar una labor que históricamente les fue negada.
Veinte kilos al hombro para ganarse un lugar
Primero hay que demostrar que podemos realizar las mismas tareas que cualquier brigadista. Existen muchos prejuicios sobre la capacidad de las mujeres en trabajos físicamente exigentes, pero con disciplina y capacitación hemos demostrado que sí podemosIrene González, brigadista
La exigencia física es real. Antes de incorporarse a una brigada forestal, todos los aspirantes, hombres y mujeres, deben aprobar la llamada “prueba de la mochila”, una evaluación que consiste en recorrer 4.83 kilómetros cargando una mochila de 20.4 kilogramos en un tiempo máximo de 45 minutos. La evaluación es exactamente la misma para ambos sexos.


