El futbol de Parajes de Oriente se unió para salvar a «Mamá Leo» durante su lucha contra el cáncer
Lo que comenzó con un golpe accidental en el pecho mientras trabajaba en los campos deportivos de Parajes de Oriente terminó por cambiarle la vida a Leonila Pimienta Nava, mejor conocida entre jugadores y familias como «Mamá Leo».
La administradora de la Liga de Futbol de Parajes de Oriente relató que ese incidente permitió descubrir a tiempo una bolita en el seno, la cual inicialmente no era maligna, pero meses después regresó convertida en cáncer de mama.
Con décadas de trabajo en la liga, Leonila explicó que ha visto crecer a varias generaciones de futbolistas, quienes con el paso del tiempo dejaron de llamarla por su nombre y muchos comenzaron a llamarla «Mamá Leo».
Recordó que, tras la primera cirugía, el tumor volvió a aparecer en el mismo sitio y comenzó a crecer de forma acelerada, hasta comprometer prácticamente todo el seno.
Una nueva biopsia confirmó el diagnóstico de cáncer, por lo que fue sometida a una mastectomía y posteriormente a un año completo de quimioterapias.
Durante ese proceso, la situación económica de su familia se complicó. Su hijo, que entonces tenía 17 años y cursaba la preparatoria, dejó temporalmente los estudios para trabajar con un electricista y obtener seguridad social, lo que permitió que Leonila continuara su tratamiento en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Antes de recibir atención por el Seguro Social, la familia enfrentó la necesidad de reunir entre 70 y 100 mil pesos para una cirugía particular.
Fue entonces cuando la comunidad de la Liga de Futbol de Parajes de Oriente respondió de manera solidaria.
Equipos completos organizaron un torneo relámpago con causa.
Algunos prepararon hamburguesas, otros vendieron paletas de hielo, rifaron diversos artículos y la futbolista Celeste donó una playera autografiada para recaudar recursos.
La jornada también contó con la presencia del entonces alcalde Cruz Pérez Cuéllar junto a su esposa Rubí Enríquez, quienes acudieron al evento junto con integrantes de su equipo de trabajo y consumieron los productos puestos a la venta y brindó apoyo a la causa.
Gracias a esa movilización comunitaria fue posible cubrir el costo de la primera operación.
La segunda intervención fue solventada con apoyo de familiares y facilidades otorgadas por la clínica donde fue atendida, deuda que, señaló, aún continúa pagando.
Actualmente Leonila lleva dos años en remisión y, si los estudios continúan favorables, dentro de tres años podría recibir el alta médica definitiva.
Conforme avanzan los resultados positivos, los controles médicos se realizan con intervalos cada vez mayores.
Más allá del tratamiento, aseguró que la actitud fue fundamental para enfrentar la enfermedad. Relató que decidió conservar el buen humor incluso durante la pérdida del cabello provocada por las quimioterapias y que nunca permitió que el diagnóstico definiera su ánimo.
«Uno mismo tiene que echarse porras. También ayuda mucho el amor que te da la gente, porque te inyecta energía para seguir adelante», expresó.
Leonila afirmó que el cáncer fue una experiencia que, pese al dolor, también le permitió descubrir el enorme cariño de la comunidad que ha acompañado durante tantos años.
Personas que hacía mucho tiempo no veía regresaron únicamente para apoyarla, un gesto que considera una de las mayores enseñanzas que le dejó la enfermedad.
Finalmente, hizo un llamado a escuchar al cuerpo y no ignorar cualquier cambio físico, pues aseguró que detectar oportunamente el cáncer puede hacer la diferencia. «Tu cuerpo te habla y hay que aprender a escucharlo», concluyó.


