Abandono familiar golpea a internas del Cereso Femenil No. 2 en Ciudad Juárez
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Abandono familiar golpea a internas del Cereso Femenil No. 2 en Ciudad Juárez

Abr 22, 2026

El abandono familiar es una de las principales problemáticas que enfrentan las mujeres privadas de la libertad en el Centro de Reinserción Social (CERESO) Femenil No. 2 de Ciudad Juárez, donde, a diferencia de los hombres, muchas dejan de recibir visitas y apoyo de sus parejas, de acuerdo con la asociación civil Alfa y Omega la Respuesta para el Mundo.

Anabel González, subdirectora de la organización, señaló que esta situación es recurrente en el área femenil, donde han detectado casos de abandono total.

“Sí hemos visto más abandono en mujeres. Hay casos donde sus parejas desaparecen por completo, dejan de visitarlas y ya no quieren saber nada de ellas”, afirmó.

Aunque en algunos casos las familias logran mantenerse unidas o incluso reconstruirse tras el proceso penitenciario, en muchos otros, las internas deben enfrentar solas las consecuencias, tanto emocionales como sociales, explicó.

“Hay situaciones donde sus esposos o parejas no continúan con ellas. En otros casos sí hay cercanía, pero con muchas dificultades. También hay abandono total, y al salir tienen que reiniciar su vida desde cero”, indicó.

La asociación, en coordinación con la agrupación religiosa Jesucristo es la Respuesta, realiza desde hace más de 10 años un trabajo dentro del penal, donde cada martes, de 9 a 11 de la mañana, ingresan 8 voluntarias al área femenil para ofrecer talleres, acompañamiento espiritual y artículos de higiene personal. En el área de varones, ingresan 10 voluntarios.

“Entramos cada semana para llevarles una palabra espiritual, talleres, pero también cosas que necesitan, como artículos de uso personal”, detalló.

Además del trabajo al interior del CERESO, la organización también brinda apoyo a las familias de las internas y da seguimiento a quienes obtienen su libertad, en un intento por facilitar su reinserción social.

González explicó que uno de los principales retos tras la salida es el impacto emocional derivado del abandono. “Muchos caen en depresión, ansiedad. Entendemos que están pagando las consecuencias de sus acciones, pero también necesitan apoyo para cambiar su vida”, dijo.

En cuanto al perfil de las personas atendidas, señaló que en su mayoría provienen de contextos de escasos recursos y que, antes de su ingreso al penal, muchas estaban vinculadas a actividades delictivas, por lo que al salir enfrentan dificultades para reinsertarse laboralmente.

Sobre el alcance del programa, reconoció que es limitado frente a la magnitud de la población penitenciaria, especialmente en el caso de las mujeres.

“No tenemos porcentajes exactos, porque es difícil obtener datos dentro, pero es un trabajo continuo que no abarca el 100 por ciento. Nos quedamos en una parte muy mínima”, explicó.

Detalló que actualmente el área femenil cuenta con una población aproximada de 370 internas, cifra que incluso aumentó en el último año. “Antes no había tanta población de mujeres. Esto también habla de que la mujer ya está involucrándose más en esta dinámica”, comentó.

De ese total, alrededor de 100 internas participan ocasionalmente en las actividades de la asociación, mientras que un grupo constante de aproximadamente 50 mujeres asiste de manera regular.

Añadió que, además de su organización, existen otros grupos de fe que ingresan al penal durante la semana para realizar labores similares, aunque cada uno con enfoques distintos.

La labor de la asociación también incluye el acompañamiento fuera del penal. Para ello, cuentan con un espacio denominado “Casa Vida”, donde actualmente brindan alojamiento temporal a hombres que han salido recientemente de prisión y que no cuentan con redes de apoyo.

“Muchos pierden a sus familias por el tiempo que estuvieron internos. Les damos vivienda y acompañamiento en lo que logran estabilizarse”, explicó.

En el caso de las mujeres, aunque no cuentan con un espacio similar, continúan apoyándolas a través de sus familias y de la comunidad, donde mantienen grupos de seguimiento de alrededor de 15 personas entre hombres y mujeres. El apoyo, señaló, no tiene un tiempo límite definido.

Es hasta que logran estabilizarse, conseguir trabajo o un lugar donde vivir. Incluso ellos mismos, cuando ya están bien, dan oportunidad a otros”, comentó.

Finalmente, destacó que la reinserción social requiere un esfuerzo conjunto entre autoridades, sociedad civil y las propias personas privadas de la libertad.

“Es un trabajo muy grande que necesita unidad. No sólo es lo que se hace dentro, también depende de ellos y del apoyo que reciban afuera”, expresó.

González mencionó que recientemente las internas fueron reubicadas dentro del CERESO, lo que ha implicado ajustes en las actividades.

“A las mujeres las movieron a otra área dentro del penal, cerca de donde están los menores. En el caso de los hombres, también se han ampliado los espacios”, indicó.

Pese a las limitaciones, subrayó la importancia de continuar con este tipo de acciones, especialmente ante el abandono que enfrentan muchas mujeres. “Nos gustaría avanzar más, para que la ciudad vea el cambio que puede lograrse cuando hay acompañamiento real, sobre todo en quienes más lo necesitan”.

Cabe mencionar que la asociación encabezada por Anabel González, junto con otras organizaciones religiosas, forma parte del Movimiento Transforma al Mundo, integrado también por empresarios locales y pastores de esta frontera. En conjunto, este movimiento realiza una labor invaluable en la atención a personas privadas de la libertad, brindando acompañamiento tanto al interior de los centros penitenciarios como en su proceso de reinserción social, una tarea fundamental para la comunidad.