Reivindica el investigador Roberto Sánchez el legado de la cultura chicana y el estudio de la identidad mexicana
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Reivindica el investigador Roberto Sánchez el legado de la cultura chicana y el estudio de la identidad mexicana

Jul 22, 2026

Cuando el doctor Roberto Sánchez Benítez decidió dejar Michoacán para instalarse en Ciudad Juárez no buscaba únicamente un nuevo espacio académico. Quería vivir en la frontera para comprender desde dentro uno de los fenómenos culturales más complejos de América del Norte: la identidad chicana y las culturas que nacen entre México y Estados Unidos.

Profesor investigador titular de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), con cerca de tres décadas dentro del Sistema Nacional de Investigadores y más de 40 años dedicados a la docencia y la investigaciónSánchez Benítez es considerado uno de los académicos mexicanos que ha dedicado buena parte de su trabajo al análisis de la literatura chicana, los movimientos identitarios y las expresiones culturales surgidas a ambos lados de la frontera.

Originario de Uruapan, Michoacán, estudió la licenciatura en Filosofía en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y posteriormente realizó la maestría y el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde muy joven ingresó al entonces naciente Sistema Nacional de Investigadores, incluso antes de concluir el doctorado.

“Tuve la fortuna de pertenecer a las primeras generaciones que ingresaron al Sistema Nacional de Investigadores. Eran tiempos en que México impulsaba la formación de doctores y eso permitió consolidar muchos programas académicos en el país.”

Su carrera no se limitó a las aulas universitarias. También desempeñó cargos dentro del Gobierno de Michoacán en áreas de comunicaciónculturainvestigación y documentación artística, una experiencia que, afirma, le permitió entender que la investigación debe dialogar con la sociedad.

“Muchas veces se piensa que el investigador permanece encerrado en un cubículo, pero la realidad es distinta. A lo largo de la trayectoria uno participa en proyectos culturalessocialesinstituciones públicas y distintas coyunturas donde el conocimiento puede aportar.”

Un pionero en el estudio de la cultura chicana

Mucho antes de llegar a Ciudad JuárezRoberto Sánchez Benítez ya recorría universidades y congresos especializados en estudios fronterizos en ciudades como TijuanaMexicaliEnsenada y diversas instituciones estadounidenses. Su interés académico estaba puesto en comprender el desarrollo de la cultura chicana desde una perspectiva filosófica y literaria.

Participó en congresos internacionales organizados por la National Association for Chicana and Chicano Studies (NACCS) y posteriormente realizó un año sabático en la Universidad de Arizona, donde profundizó en el estudio de la literatura chicana, experiencia que dio origen a uno de sus libros de investigación.

“Siempre me interesó muchísimo la literatura fronteriza, pero, sobre todo, la literatura chicana. Los autores chicanos siguen siendo poco leídos y poco reconocidos en México.”

Durante esa estancia conoció y entrevistó a uno de los escritores más importantes del movimiento chicanoMiguel Méndez, autor que posteriormente recibiría el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Arizona y cuya obra también ha sido publicada por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

“Tuve la enorme fortuna de entrevistarlo en su casa. Era un hombre extraordinario. Fue un niño campesino, prácticamente sin educación formal, que terminó convertido en uno de los grandes escritores chicanos.”

¿Quiénes son realmente los chicanos?

Para Sánchez Benítez, entender a los chicanos implica comprender la historia de millones de familias mexicanas que emigraron a Estados Unidos durante el siglo XX.

Explica que la identidad migrante fue evolucionando con distintas denominaciones: primero los norteños, luego los pochos, posteriormente los pachucos y finalmente los chicanos, quienes representan ya una segunda o tercera generación nacida en Estados Unidos.

“Los chicanos ya son hijos o nietos de migrantes mexicanos. Son profesionistasuniversitariosescritoresartistas; participan en la vida pública estadounidense sin renunciar a sus raíces mexicanas.” Fue precisamente durante los movimientos por los derechos civiles de las décadas de 1960 y 1970 cuando esa identidad comenzó a consolidarse.

“La cultura chicana florece junto con la lucha por los derechos civiles. Ahí aparecen grandes escritoresartistas e intelectuales que comienzan a reflexionar sobre lo que significa ser mexicano en Estados Unidos.”

Una cultura que ayudó a México a verse a sí mismo

Para el investigador, una de las mayores aportaciones del movimiento chicano fue obligar a México a redescubrir su propia identidad. Lejos de representar una cultura separada, afirma que los escritores chicanos construyeron un puente intelectual que permitió reinterpretar las raíces mexicanas desde otra perspectiva.

“Los chicanos tuvieron la necesidad de afirmarse dentro de una cultura muy distinta. Ese esfuerzo por defender su identidad terminó reavivando también la identidad mexicana.”

Destaca especialmente la poesía y la literatura chicanas por recuperar elementos indígenassímbolos prehispánicos y una reinterpretación profunda de la historia nacional. “La poesía chicana tiene enormes elementos para entender nuestra propia historia. Hay una celebración muy profunda de las raíces prehispánicas y de la cultura mexicana.”

Incluso sostiene que muchas veces es desde el exterior donde México logra reconocerse con mayor claridad: “Dialogar con aquello que no somos nos permite reconocer lo que realmente somos.”

La reflexión, señala, mantiene plena vigencia en una ciudad como Ciudad Juárez, donde diariamente convergen dos paísesdos idiomas y múltiples identidades culturales que convierten a la frontera en uno de los espacios más ricos para comprender la transformación de la sociedad contemporánea.

El filósofo que ayudó a crear un doctorado en la frontera

La llegada de Roberto Sánchez Benítez a Ciudad Juárez coincidió con un periodo en el que la UACJ buscaba fortalecer sus programas de posgrado. Aprovechando las convocatorias nacionales para incorporar investigadores de tiempo completo, hace 16 años dejó Michoacán junto con su familia para integrarse al Departamento de Humanidades.

Tiempo después participó en la creación del Doctorado en Filosofía de la universidad, un proyecto que implicó años de diseño académicoevaluaciones nacionales y la construcción de un programa orientado principalmente a la investigación.

“Nuestro propósito fue crear un programa que respondiera a los problemas propios de la frontera. No podía ser un doctorado abstracto; debía partir de las necesidades y del perfil de los investigadores que trabajamos aquí.”

Explicó que el proyecto requirió analizar programas similares de instituciones como la UNAM, la Universidad Veracruzana, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad de Guadalajara y la Universidad Michoacana, además de cumplir con los requisitos de calidad establecidos por los organismos nacionales para acceder a becas de investigación.

Actualmente, el Doctorado en Filosofía de la UACJ ya cuenta con cuatro generaciones de estudiantes: “Buscamos que fuera un doctorado con mayor énfasis en la investigación que en la carga de clases, para que los alumnos tengan tiempo suficiente para desarrollar trabajos originales.”

¿Para qué sirve la filosofía en una ciudad maquiladora?

Acostumbrado a responder que la filosofía no genera empleos directos como la industriaSánchez Benítez considera que esa visión es precisamente uno de los principales problemas del país.

Asegura que una ciudad como Juárez necesita ingenieros y empresarios, pero también investigadores capaces de comprender los conflictos sociales derivados del crecimiento urbano.

“Las humanidades ofrecen herramientas para analizar los problemas que vivimos. Nos ayudan a entender qué está ocurriendo en la sociedad y por qué.” El académico sostiene que la filosofía permite formar ciudadanos capaces de reflexionar sobre su realidad y no únicamente trabajadores especializados.

“No solamente somos operadores de máquinas. Somos seres humanos con una enorme complejidad. Necesitamos comprendernos a nosotros mismos para construir una mejor sociedad.”

Considera que el desarrollo económico debe ir acompañado por políticas públicas enfocadas en culturaeducaciónarte y bienestar social. “Esto debería traducirse en mejores políticas sociales, mejores políticas culturales, mejores políticas educativas. El desarrollo económico por sí solo no resuelve los problemas humanos.”

“Los gobiernos deberían escuchar más a las universidades”

En entrevista, el investigador planteó que una de las grandes asignaturas pendientes en México es construir puentes permanentes entre universidadesgobiernos y sociedad.

Aunque reconoció que existen investigadores comprometidos con las comunidades, considera que aún falta abrir espacios para que el conocimiento académico participe en la toma de decisiones públicas. “Sería muy importante que existiera un diálogo constante entre quienes toman decisiones y quienes investigamos los problemas sociales.”

A su juicio, muchas decisiones públicas terminan privilegiando intereses inmediatos sin analizar sus efectos a largo plazo. “Muchas veces las políticas se vuelven solamente instrumentales. Buscan soluciones inmediatas sin mirar las consecuencias futuras.”

Incluso sostuvo que las universidades públicas tienen la responsabilidad de salir de sus campus y acercar el conocimiento a la población. “La universidad ya no puede permanecer al margen de los problemas sociales. Tiene que estar cerca de la comunidad y construir respuestas junto con ella.”

Una ciudad que también aprendió a llamar hogar

El investigador reconoce que la adaptación de su familia a la frontera no fue sencilla. Llegó acompañado de su esposa y sus dos hijos, quienes entonces tenían apenas cuatro y ocho años. Con el paso del tiempo, la ciudad dejó de ser un destino académico para convertirse en su hogar.

Después de más de una década viviendo en Juárez, admite que le preocupa el ritmo con el que avanzan algunos problemas sociales: “He visto pocos cambios. Me duele la ciudad porque ya soy parte de ella.”

Pese a ello, mantiene una visión optimista sobre el futuro. Considera que las nuevas generaciones de investigadores y estudiantes pueden transformar la relación entre universidad y sociedad si encuentran espacios para participar.