Perdió ambas piernas en un operativo y hoy inspira a miles: la historia del agente Roberto Ortiz
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Perdió ambas piernas en un operativo y hoy inspira a miles: la historia del agente Roberto Ortiz

Jun 13, 2026

Roberto Ortiz Puertas, originario de Chihuahua capital, inició el servicio en 2019 en la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) en un grupo de reacción de fuerzas especiales, de la Fiscalía General del Estado (FGE), que lo posicionó en un operativo de seguridad en el que perdió ambas piernas, y sobrevivió después de una baja expectativa del pronóstico médico. Ahora, trabaja desde el Área de Inteligencia de Fiscalía, es ejemplo y pilar de su familia de tres hijos y su esposa Fadia, y busca ser un embajador de los policías buenos, para cambiar la percepción social de quienes dan su vida por la seguridad de la población.

“Mi historia comenzó muy diferente porque yo salí de la Licenciatura en Comercio Exterior, de la Universidad Regional del Norte (URN). De ahí hice una maestría en una universidad que tiene convenio con la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh), en Estados Unidos. Y empecé con la industria de la maquiladora desde abajo. Crezco muy rápido y me vuelvo coordinador, después me vuelvo gerente, pero yo me sentía encerrado. No sentía yo que estuviera haciendo lo que me tocaba hacer” compartió el comandante Roberto Ortiz.

A su vida llegó la oportunidad de hacer una academia policial, a la que entró y fue elegido a entrar a un grupo especial para ser agente de un grupo de reacción, con base en Ciudad Juárez, considerada una de las más peligrosas del mundo.

Héroe sin capa

El viernes santo del 15 de abril del 2022, Roberto viajaba a Chihuahua, a pasar unos días tranquilos, después de un operativo con excelentes resultados y que le permitía tres días de descanso. El trayecto fue interrumpido por una llamada, en la que se alertaba que el crimen organizado había asesinado al primer comandante de Casas Grandes, a una persona de Inmigración y a un escolta.

El grupo de Roberto fue primer respondiente, en un convoy de 25 camionetas, con códigos y estrobos, a unos 100 kilómetros de Ciudad Juárez en la carretera a Casas Grandes, por el rumbo de Palomas, donde establecieron un filtro de seguridad. Alrededor de las 8:00 de la noche, se aproximaba un auto a alta velocidad, sin luces.

Cuando revisaba la cajuela de un auto en un acotamiento de terracería a un costado de la carretera, un grito rompió los sonidos habituales del operativo, “¡Cuidado!”. Cuando trató de voltear porque estaba de espaldas, le había prensado el carro, defensa contra defensa del auto que estaba revisando.  El impacto causó un estallido de oídos muy fuerte, sus compañeros retiraron los vehículos y su cuerpo cayó al piso, intentó pararse y no pudo, en ese momento, vio sus piernas colgando de unos centímetros bajo sus rodillas, con girones de músculos, tendones, piel.

Llegó un compañero del grupo que era el paramédico táctico. Uno de mis mejores amigos. ‘Estás bien, no te pasó nada’, me dice. Y le digo, ‘Estoy totalmente deshecho. Ya me vi’. Respondió que no me viera, y mis compañeros me cargaron, me subir a una unidad en la parte de atrás en la caja. Me pusieron torniquetes con lo que traíamos, y veía cómo se brotaba la sangre en chorros”, relató.

Hablaron a una ambulancia que llegó al kilómetro 20, mientras padecía un dolor indescriptible, que le hizo pensar que moriría de un infarto, o desangrado, por la cantidad del líquido hemático que desprendía. “Le hablé a mi esposa y le digo que ya me voy. Mi compañero me quita el teléfono y le dice, ‘No, está bien, no te preocupes”.

Después de un recorrido burocrático por dos hospitales de Ciudad Juárez, acompañado por sus hermanos de equipo, corporaciones hermanas, todos héroes sin capa de sangre azul, después de tres o cuatro horas después del impacto, el tejido lastimado empezó a sufrir otro tipo de daño más profundo, hasta que por fin fue ingresado en el Hospital General de Ciudad Juárez. Con solo cuatro puntos de hemoglobina, Roberto fue ingresado a quirófano, donde oyó al médico decirle que su condición era crítica y era urgente amputar una pierna, y harían el esfuerzo por salvar la otra.

Después de la operación, permaneció alrededor de una semana en coma, y al despertar observó no tenía piernas de los muslos hacia abajo. “Me veo y es una tristeza tremenda. No lloré en todo ese tiempo que estuve en el hospital, alrededor de un mes, revisando mis órganos. Los médicos no creían que estuviera vivo”, dijo y ahora describe como un milagro caminar sobre las prótesis electrónicas en sus piernas.

De acuerdo con opiniones médicas, le han compartido que si la demora no hubiera sido tan extensa, se podrían haber salvado sus rodillas, lo que haría más fácil la movilidad. Aunque acepta la situación que es imposible cambiar, no guarda rencor, ni enojo, solo un sentimiento de haber sufrido una injusticia.

“Serví al estado, a México y después adquirí una discapacidad, una pensión no alcanza absolutamente para nada, porque una discapacidad es carísima. Ahí fuimos donde nos dimos cuenta y empezamos a hacer conciencia de cómo mucha gente sufre. Simplemente el socket que traigo yo aquí se cambian cada año, dependiendo si tú subes, bajas de peso, cambia el volumen del muñón. Cuesta de 80 mil  a 100 mil pesos cada uno. Son 200 mil pesos al año, o al año y medio”, compartió, al tiempo que mencionó que las prótesis que utiliza actualmente, tienen caducidad entre este año 2026 y 2027.

El comandante Roberto Ortiz participó en el rescate de víctimas que salvaron vidas, en diversos operativos de alto impacto, lo que le generó una satisfacción del deber cumplido y la ayuda a víctimas de delitos. Aunque reconocer que perder sus piernas fue un precio muy alto, da gracias por poder seguir contribuyendo a la seguridad de Chihuahua desde el área de Inteligencia, en una dirección especial.

Esposo y padre de familia

La pérdida de sus piernas dejó a Roberto en una vulnerabilidad económica que debió enfrentar para subsistir con su esposa, Fadia de Santiago, y sus tres hijos. Si bien, le otorgaron una pensión, el recurso no era suficiente para cubrir los gastos del hogar, por lo que inició con la venta de sus bienes para poder subsistir, y posteriormente, organizar ventas para conseguir dinero.

El ejemplo que ha mostrado a sus tres hijos, ha generado un profundo un orgullo hacia la persona que después de estar a punto de morir, volvió a levantarse y que camina, a pesar de que le arrebataron sus piernas. Que volvió a trabajar en la seguridad de los chihuahuenses, y sigue realizando actividades normales, después de aprender a caminar de nuevo.

“Es una cuestión que sin el amor de ellos yo no hubiera podido haber hecho nada porque definitivamente Dios estuvo con nosotros y lo compruebo cada día”, dijo quien fue víctima de impacto vehicular, pero que no se victimiza, y encuentra los caminos para seguir caminando.

Refirió que a atender juntas escolares o reuniones con amigos, las miradas se centran en las llamativas prótesis que le dan movilidad, y que han arrancado expresiones de niños que dicen que también quieren jugar con unas como esas, y que incluso ha sido comparado con un robot, como los ciborgs que incorporan tecnología en sus cuerpos.

Por su parte, Fadia, explicó que la situación de su esposo, le enseñó a ver la vida de diferente manera, y que la familia no se termina con un accidente ni discapacidad. “Nos enseñó a luchar a nuestros hijos, a levantar la cabeza. Lo amamos demasiado, lo hemos cuidado, nos dolió mucho verlo”, compartió.

El camino para recuperar su vida se tejió por medio de una red de apoyo que lo socorrió en los momentos más difíciles: La hermandad entre los agentes de la AEI se hizo tangible con una colecta de donativos que fue entregada a Roberto y su familia. También, le fue donada una silla de ruedas por parte de la Fiscalía General del Estado de esa administración.

Por parte del entonces secretario de Gobierno del Estado, César Jáuregui, se gestionó la adquisición de unas prótesis, lo que implicaron otro reto más, pues su uso requirió entrenamiento y condición física. En el aprendizaje sufrió caídas, dolor, y la falta de infraestructura que impacta a las personas con discapacidad de la ciudad de Chihuahua.

En la parte emocional, se informó que el grupo de élite al que pertenecía, sufrió más bajas, pérdidas dolorosas de quienes fueron sus entrañables amigos, a quienes la delincuencia y el crimen organizado les arrancaron la vida.

Con capacidades intelectuales habilitadas, dominio del idioma inglés y estudios profesionales y de posgrado, actualmente, se desempeña en el Área de Inteligencia de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, en una dirección especial.

Rompiendo las redes sociales

En tan solo seis meses de actividad en redes de Instagram y TikTok, las cuentas de Roberto Ortiz REVIXI, han acumulado más de 40 mil seguidores, y la estadística sigue creciendo. La plataforma ha sido el mejor escaparate para presentar su testimonio e inspirar a las personas a enfrentar y vencer los obstáculos que presenta la vida, sin victimismo, buen humor, tecnología y la satisfacción del deber cumplido.