¡Preservan su identidad! Gastronomía rarámuri se impone en los asentamientos de Parral
A pesar de haber llegado a Parral por situaciones de desplazamiento forzado o la falta de empleo en la zona serrana, más de 100 familias rarámuri que habitan los tres albergues indígenas de la ciudad se aferran a conservar sus tradiciones, sobre todo aquellas que se refieren a la preparación de alimentos que ofrecen al dios Onorúame, como las tortillas de maíz, el pinole y el ancestral tesgüino.
La gastronomía rarámuri continúa formando parte de la vida cotidiana y las celebraciones de familias indígenas asentadas en San Andrés, en Parral, donde aún preservan recetas tradicionales heredadas de la Sierra Tarahumara como las gorditas “sureame” de frijol, el “moriki”, tamales artesanales y tortillas hechas a mano sobre leña. El representante del asentamiento, Guillermo Negrete, mencionó que se impulsa a que las familias conserven sus costumbres y tradiciones.
Gorditas de frijol conocidas como “sureame”, tortillas hechas a mano sobre leña, tamales artesanales y alimentos tradicionales como el “moriki”, preparado a base de nopal, forman parte de los platillos que todavía se elaboran dentro del asentamiento, principalmente durante fiestas culturales, ceremonias comunitarias y reuniones familiares.
Negrete explicó que muchas de estas comidas no solo forman parte de la alimentación diaria, sino también de las actividades espirituales y tradicionales que continúan practicando las familias rarámuri en Parral.
Detalló que las gorditas tradicionales rarámuri conocidas como “sureame” son elaboradas a base de masa de maíz y rellenas principalmente de frijol; su nombre se traduce como “corazón”, en referencia al guiso que llevan en su interior, ya que se realizan sellando distintos ingredientes dentro de la masa antes de cocinarlas artesanalmente sobre comal y fuego de leña, tal como se hacía en la Sierra Tarahumara.
Detalló que las gorditas tradicionales son preparadas especialmente durante celebraciones culturales y ceremonias como el “Yúmari”, además de despedidas y reuniones importantes dentro de la comunidad. “Es una tortita con su rellenito de frijoles. Eso se usa nada más para las fiestas culturales”, explicó.
Comentó que este tipo de alimentos suele prepararse en fechas significativas para el asentamiento, entre ellas el 30 de noviembre, Día de San Andrés; durante Semana Santa, cuando realizan actividades relacionadas con la representación de Judas; así como el 9 de diciembre, fecha en la que llevan a cabo celebraciones culturales indígenas. “Son varios días de fiesta. Ahí bailamos todos y hacemos la comida tradicional”, señaló al sentirse orgulloso de la gastronomía rarámuri que continúa presente en el albergue.
Indicó que antes de cada festividad las familias acostumbran organizarse para acordar qué actividades y alimentos preparará cada persona, con el objetivo de conservar las costumbres comunitarias. “Se hace una junta y nos ponemos de acuerdo en lo que vamos a cooperar y todo eso”, comentó.
Además de las tradicionales gorditas, Negrete habló sobre otros alimentos típicos que continúan elaborándose dentro del asentamiento, entre ellos el “moriki”, una preparación hecha a base de nopal cocido y mezclado con otros ingredientes tradicionales.
También mencionó los tamales artesanales que, explicó, tienen una forma distinta de preparación en comparación con los tamales comunes, ya que son amarrados de manera especial. “Son como tamales, pero amarrados diferente”, dijo.
En cuanto a la alimentación cotidiana, señaló que aunque algunas familias compran tortillas en la ciudad debido a las actividades laborales y el ritmo de vida urbano, todavía una gran parte continúa elaborándolas manualmente utilizando fogones y leña, tal como lo hacían en la Sierra Tarahumara. “La mitad las hace y la mitad las compra. Muchas familias todavía tienen su calentón y su leña”, expresó.
Aseguró que cocinar de esa manera representa para muchas personas una forma de mantenerse conectados con sus comunidades de origen y recordar las costumbres con las que crecieron. “Cuando hacen tortillas es como recordar de dónde son, porque aquí las costumbres son diferentes”, mencionó.
Negrete reconoció que vivir fuera de la Sierra ha provocado cambios en algunas costumbres; sin embargo, aseguró que dentro del asentamiento San Andrés se realizan esfuerzos para mantener vivas las tradiciones entre las nuevas generaciones. “Buscamos que nuestros niños no pierdan su cultura y no se sientan avergonzados, porque es nuestra historia, nuestro origen y lo que nos dejaron nuestros antepasados”, puntualizó.
Comentó que uno de los principales objetivos de las fiestas culturales es precisamente involucrar a niñas, niños y jóvenes para que aprendan desde temprana edad las danzas, ceremonias y costumbres de su pueblo. “Es muy importante invitarlos a las fiestas culturales porque ahí van aprendiendo lo que hace uno; el saludo de la cruz, el Yúmari, las danzas y todo eso”, comentó, al referir que estas acciones están enfocadas a no perder su origen.
Destacó que todavía son muchos los menores que participan activamente en las danzas tradicionales, lo que consideran fundamental para mantener viva la identidad rarámuri dentro del asentamiento. “Hay muchos niños que sí bailan. Casi la mayoría baila mucho y así van aprendiendo. Ya cuando crecen recuerdan que de chiquitos participaban y así sigue la cultura”, dijo.
El representante indígena explicó que dentro del asentamiento habitan alrededor de 400 personas distribuidas en aproximadamente 110 viviendas; sin embargo, reconoció que cada vez son menos las familias que continúan hablando el idioma rarámuri.
Indicó que únicamente cerca del 20% de las personas conserva el habla rarámuri, principalmente entre adultos mayores. “Es muy poco porque nosotros como padres tenemos la culpa de no enseñarles a nuestros hijos”, expresó.
A pesar de ello, aseguró que personalmente continuará hablando y promoviendo su lengua materna como parte de su identidad. “Yo hablo al cien por ciento tarahumara y lo voy a seguir haciendo porque es mi lengua y es mi color de piel”, manifestó.
De igual forma, mencionó que en ciudades como Juárez, Chihuahua, Delicias, Camargo y Jiménez existen comunidades donde, aseguró, “ya no hay esa cultura”, por lo que en distintas ocasiones ha buscado compartir la importancia de preservar las tradiciones y la historia rarámuri entre las nuevas generaciones. “Nosotros no queremos perder lo que es la cultura, lo que es la danza, nuestra lengua, tradiciones. Eso nos lo dejaron nuestros abuelos y es muy importante sentirnos orgullosos y seguir impulsándolo a las nuevas generaciones”, manifestó.
Además de encabezar actividades culturales dentro del asentamiento San Andrés, Guillermo Negrete también realiza trabajo misionero en distintas comunidades de la Sierra Tarahumara, donde durante años ha recorrido pueblos marginados llevando acompañamiento espiritual y apoyando en actividades religiosas.
Explicó que muchas de estas comunidades carecen de iglesias, catequistas o personas que impartan formación religiosa, por lo que las visitas representan una oportunidad para reunir a las familias y fortalecer la convivencia comunitaria. “Yo trabajo en la Sierra con mi gente. Preparo para bautizos y ayudo en lo que se necesita porque allá es muy difícil. Aquí hay muchos catequistas, allá no hay nada”, comentó.
Relató que recientemente acudió a comunidades de Guadalupe y Calvo y otros ejidos serranos, donde habitantes construyen una capilla para colocar imágenes religiosas y realizar reuniones comunitarias.
Añadió que en algunas zonas serranas la violencia y el aislamiento han complicado la vida cotidiana de las familias, por lo que considera importante llevar mensajes de paz y acompañamiento espiritual. Pese a las largas distancias, caminos difíciles y horas de traslado para llegar a las comunidades más apartadas de la Sierra Tarahumara, aseguró que continuará realizando estas labores junto a las familias indígenas. “He recorrido horas en camioneta y lugares muy difíciles”, comentó.
“No queremos que la paz ni nuestra cultura mueran”: rarámuris de Parral llevan esperanza a la Sierra Tarahumara
Desde el asentamiento San Andrés, en Parral, familias rarámuri continúan enviando un mensaje de paz, unión y esperanza a sus hermanos que habitan en las comunidades más apartadas de la Sierra Tarahumara, donde la violencia forma parte de la vida diaria de muchas familias indígenas.
Negrete aseguró que aunque muchas familias rarámuri viven actualmente en Parral, las raíces, las tradiciones y el sentido de comunidad continúan unidos con quienes permanecen en la Sierra.
Reconoció que actualmente muchas familias de la Sierra viven momentos difíciles debido a la violencia y los constantes hechos armados registrados en algunas regiones serranas, situación que ha generado temor e incertidumbre entre la población indígena.
Por ello, aseguró que llevarán la imagen de la Virgen de Guadalupe como un acompañamiento espiritual que representa también una manera de transmitir esperanza y fortalecer la unión entre las comunidades rarámuri. “Queremos que haya paz”, expresó.
Añadió que en varias comunidades las familias permanecen prácticamente aisladas y sin acceso constante a acompañamiento religioso o comunitario. “Muchas veces allá no hay quien les lleve la palabra de Dios”, comentó.
Señaló que, en medio de las dificultades que enfrentan las comunidades serranas, mantener vivas las tradiciones, las ceremonias y la identidad rarámuri se ha convertido en una forma de resistencia cultural. “Con la imagen de la Virgen o del Señor Jesús puede haber poquita paz, que vayan conociendo lo que es paz”, manifestó.
Finalmente, el representante indígena aseguró que continuará trabajando en beneficio de las familias del asentamiento San Andrés y recorriendo distintas comunidades de la Sierra Tarahumara, pese a las largas distancias, los caminos difíciles y las condiciones complicadas que enfrentan muchas regiones serranas, con el propósito de acompañar espiritualmente a las familias rarámuri y mantener vivas sus tradiciones, costumbres y formas de convivencia comunitaria. “Nosotros no queremos perder la cultura ni la unión entre nuestra gente”, puntualizó, al reiterar que preservar las tradiciones y mantenerse unidos representa una manera de mantener viva la identidad rarámuri pese a la distancia, las dificultades y el paso del tiempo.


