Elisa Alvarado, la parralense que hizo de la minería cosa de mujeres
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Elisa Alvarado, la parralense que hizo de la minería cosa de mujeres

May 25, 2026

A sus 97 años, Elisa Alvarado Sáenz es memoria viva de la historia de Parral. Nieta de don Pedro Alvarado, el hombre más rico de la región en el siglo XX, rompió paradigmas al convertirse en la primera mujer en entrarle a la minería en el sur del estado, siguiendo los pasos de su abuelo y su padre, y abriéndose camino en una industria que era dominada por hombres. Actualmente, desde el asilo San Vicente y pese a su avanzada edad sigue siendo un ícono para las mujeres que luchan por la igualdad laboral.

Un legado nacido entre minas y tradición familiar

Elisa Alvarado Sáenz nació el 24 de septiembre de 1928 en Hidalgo del Parral, dentro de una de las familias más conocidas de la región minera. Fue hija de Pablo Alvarado Griensen Josefa Sáenz Acosta, así como hermana de Héctor, Armando, Óscar, Virginia y Pablo. Desde pequeña estuvo rodeada por historias de trabajo, riqueza minera y disciplina, en un entorno donde el nombre Alvarado representaba prosperidad, visión empresarial y una estrecha relación con la explotación de minerales en la región.

Su abuelo paterno, Pedro Alvarado es recordado como una figura clave en la historia económica de Chihuahua debido a la gran cantidad de minas que administró y a la riqueza generada durante el auge minero de Parral. Sin embargo, lejos de limitarse a vivir del prestigio familiar, Elisa desarrolló desde muy joven un profundo interés por la actividad minera, al grado de convertirla en el centro de su vida.

De acuerdo con el testimonio compartido por su sobrino, Juan Pablo Villalobos Alvarado, Elisa comenzó a acompañar a su padre a las minas desde los 12 años de edad. Fue durante una conversación familiar, cuando ella tenía 21 años, que escuchó a don Pablo lamentarse por el poco interés que sus hijos varones mostraban hacia el negocio minero. Aquella frase marcó el rumbo de su vida. Decidida a continuar el legado familiar, Elisa le prometió a su padre que abandonaría cualquier otra actividad para dedicarse de lleno al trabajo en las minas.

Aunque inicialmente su padre se mostró reacio a permitir que una mujer ingresara de lleno a un oficio tan pesado y riesgoso, terminó aceptando al observar la determinación de su hija. Así inició una trayectoria que con el paso de las décadas la convertiría en una figura única dentro de la historia de Parral.

Elisa Alvarado y su abuelo don Pedro
Elisa Alvarado nació el 24 de septiembre de 1928. / Foto: Abraham Holguín / El Sol de Parral

“Me gustaba más la mina que tener hijos”

En distintas entrevistas realizadas tanto por civiles como por personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), doña Elisa relató fragmentos de su experiencia dentro de la minería, dejando testimonio de las dificultades, riesgos y satisfacciones que encontró en un entorno predominantemente masculino.

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“Desde que salí de la escuela mi papá me puso a comprar grasa”, recordó en una de las entrevistas más conocidas. La “grasa”, explicó, era un material metálico residual que las minas desechaban y que con el tiempo adquirió valor económico. Aquellas primeras tareas fueron apenas el inicio de una relación profunda con la minería.

Con el paso de los años, Elisa Alvarado dejó claro que su pasión por las minas superaba cualquier expectativa social sobre el papel de las mujeres de su época. “Me gustaba más la mina que tener hijos”, declaró en una entrevista realizada hace aproximadamente 10 años.

Mucho me gustó trabajar en las minas, más que a mis hermanos; yo tuve la vocación de mi abueloElisa Alvarado Sáenz

Sus palabras reflejan la intensidad con la que asumió el trabajo minero y la manera en que construyó su identidad lejos de los roles tradicionales impuestos a las mujeres durante buena parte del siglo XX. Para ella, la minería no representaba únicamente una fuente económica, sino una vocación heredada y una forma de vida.

El trabajo pesado y la convivencia con los mineros

Doña Elisa nunca permaneció únicamente en labores administrativas. Ella misma relató que se involucraba en las actividades más pesadas dentro de las minas, convencida de que para ser respetada debía realizar el mismo trabajo que los hombres.

“Yo creí que por ser patrona necesitaba hacer el trabajo pesado”, recordó durante una entrevista realizada por personal del Palacio Alvarado hace casi quince años. Explicó que levantaba objetos pesados, trabajaba hombro a hombro con los mineros y terminaba con las manos lastimadas por el esfuerzo físico constante.

También describió la convivencia diaria con los trabajadores. Contó que se sentaba en el suelo junto a ellos para comer, descansaba en las mismas condiciones y compartía jornadas extenuantes bajo tierra. Aquella cercanía le permitió generar un fuerte vínculo con sus empleados, quienes terminaron aceptándola como parte del grupo pese al escepticismo inicial que provocó su presencia.

Doña Elisa, padre y abuelo
Elisa Alvarado trazó su identidad alrededor de su fuerte pasión por la minería. / Foto: Abraham Holguín / El Sol de Parral

La minera recordó incluso que llegó a apalear hasta cinco toneladas de mineral y marcar 94 vagones, actividades consideradas extremadamente demandantes físicamente. Lejos de sentirse fuera de lugar, afirmaba que disfrutaba profundamente estar “ahí con los muchachos”.

Romper supersticiones y prejuicios

En una época donde persistían supersticiones sobre la presencia femenina dentro de las minas, Elisa Alvarado desafió creencias profundamente arraigadas entre los trabajadores. Existía la idea de que las minas “sentían celos” de las mujeres y que permitirles entrar podía provocar accidentes o pérdidas económicas.

Al ser cuestionada sobre ello, respondió con naturalidad y firmeza: “Allí no valió, ¡ma! Yo dormía con cajas de pólvora abajo de la cama. Póngale que se familiariza usted, y tiene cuidado, pero no tiene miedo”.