Las extorsiones se posicionan en AL
LIMA. Desde México hasta Colombia, Ecuador y Perú, pasando por El Salvador, Honduras o Guatemala, la extorsión ha minado la seguridad ciudadana.
Sus millonarias ganancias lo sitúan detrás del narcotráfico o la trata de personas, y puede ser más rentable que la minería ilegal, según fuentes de inteligencia.
Pequeños y grandes comerciantes, transportistas, núcleos residenciales y poblados completos son víctimas de organizaciones locales o internacionales.
Un ejemplo es el caso de Eduardo que antes de inaugurar un sauna cerca de Lima, Perú, comenzó a ser extorsionado por teléfono, ignoró la amenaza y más tarde fueron a atacar su negocio con armas de fuego. Los responsables eran Los dueños de San Juan de Lurigancho, una banda que opera en el distrito y le exigían una «matrícula» de instalación de 13 mil 300 dólares y una mensualidad de mil 300.
En Perú la extorsión, incluso, tocó las puertas del fútbol. El atacante internacional Paolo Guerrero estuvo a punto de desistir de jugar para el club César Vallejo por amenazas a su familia.
Se trata del mismo mal con múltiples nombres: en México, los cárteles de la droga; en Perú son Los Pulpos, en Colombia es el Clan del Golfo y en Ecuador, Tiguerones. También está el temido Tren de Aragua de Venezuela, la organización de mayor expansión del último quinquenio con presencia en Colombia, Chile y Perú.
Estos grupos se han transformado en «empresas criminales» en busca de mercados y «socios en otros países», señala el fiscal peruano anticrimen Jorge Chávez.


